Jalapa, 09 de Agosto de 2020

Mons. José Benedicto Moscoso Miranda

Reflexión, Domingo XIX  del Tiempo Ordinario

Mt 14, 22-33

Semana III del Salterio

La buena nueva de este domingo XIX del Tiempo Ordinario esta justamente después del milagro de la multiplicación de los panes, un hecho que provocó entre la gente la sospecha que uno así convenía porque haría fácil el pan sin necesidad de trabajar mucho, solo constaría irlo a traer y comérselo y por eso lo más conveniente según su genial idea era proclamarlo rey;  Jesús entendió bien sus planes que incluso más de algún apóstol elegido por Él pensaría de igual manera. El texto de este domingo inicia diciendo que después que sació a la gente mandó a los discípulos embarcarse y pasar antes a la otra orilla, y Él se fue al cerro para orar y encontrase allí con el misterio en el silencio de la noche, y ellos los discípulos van solos y van seguramente tentados por la magia de lo fácil, lo espectacular, lo instantáneo y de repente son sorprendidos por un viento que les era contario, veamos aquí la riqueza de los signos:

  1. La barca: signo de la comunidad que nosotros llamamos Iglesia.
  2. El mar: bien puede ser signo del tiempo, de la historia, de la sociedad.
  3. El viento: las fuerzas contrarias al bien y la oscuridad, la ausencia de la luz que ilumina.
  4. El fantasma: cuando somos expertos en ver cosas que no son.

En medio de todo eso aparece Jesús para penetrar con la fuerza de su palabra: Soy yo no tengan miedo, ánimo, no pierdan el alma, no se queden sin aliento.

Ahondemos en el texto y preguntemos ahora, ¿Cuántas veces no hemos estado tentados a una religiosidad facilona, mágica, relumbrosa y de mucho ruido? O ¿Quizá hemos visto fantasmas en la Iglesia y hasta hemos prometido no volver, cuando en realidad se ha tratado de la presencia de Jesús?  No será que ¿algunas veces nos sentidos con suerte cuando vamos solos y creemos que lo hecho en las tinieblas no se va a revelar con la luz?

Bien pues,  somos la comunidad de bautizados, hoy en tiempos de pandemia donde parece que algunos tiempos han cambiado pero no el ritmo de los mismos vicios del robo, las mentiras, el crimen, el desorden de un Estado débil en sus instituciones y la alarmante indiferencia ante el misterio de Dios a quien no se descubre cuando todo parece que va bien y mucho menos en la crisis como la que estamos viviendo.

Que Jesús nos aliente con su presencia y nos dé fuerza con su palabra “Ánimo, no tengan miedo, que soy yo” Mt 14,27.

Que podamos vencer las tinieblas cuando la barca es agredida por las olas del odio y más ahora que vuelve a ser atacada en la persona de sus pastores, concretamente en el Salvador donde fue asesinado el P. Rector del Seminario Diocesano de la Diócesis de Zacatecoluca, el P. Ricardo Antonio Cortés; hecho que como Iglesia diocesana condenamos, pues creemos que la violencia criminal jamás debe de ser signo de la convivencia humana, solidaridad con quienes viven de cerca esta experiencia de dolor especialmente su familia.

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