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Proyecto Pastoral Diocesano

Cincuenta años de la diócesis de Quiché 1967-2017

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Cincuenta años de la diócesis de Quiché 1967-2017

 

1. Quiché es un departamento con más de 80% de población indígena (quiché, ixil, qeqchí, pokomchí, entre otros),  mayoritariamente pobre y que durante décadas, muchas familias para sobrevivir, tenían que ir a trabajar duramente en las fincas de la costa. 

 

2. Hacia los años 50, con Mons. Rafael González y sus catequistas de Acción católica se abre una nueva época de evangelización, con el protagonismo de laicos. Esta iniciativa da origen a una nueva generación de cristianos más formados, convencidos de su fe en Jesucristo y con un gran dinamismo misionero dentro de sus propios territorios y también fuera de los mismos, por ejemplo, muchos iban a trabajar como albañiles y al terminar su jornada de trabajo comenzaba la predicación cristiana. O bien iban al mercado a vender y cuando terminaban comenzaban la catequesis.  Así se fueron formando comunidades vivas de Acción Católica.

3. La llegada de los Misioneros españoles del Sagrado Corazón, fue una gran oportunidad para este pueblo.  Nunca antes los pueblos, las parroquias, con sus aldeas y caseríos, habían sido atendidos con tanto personal como en ese momento 1954-1980.  Al reformarse la división eclesiástica de Guatemala con la creación de nuevas diócesis, Quiché formó parte de la Diócesis de Sololá (1951 y 1958) y más tarde, fue creada diócesis de Quiché. Esta nueva diócesis constaba de tres regiones: 1) Norte, con los pueblos ixiles: Nebaj, Cotzal y Chajul; Lancetillo,  Uspantán, Cunén y Sacapulas.  2) Centro, formado por Santa Cruz,  San Pedro Jocopilas, San Andrés Sajcabajá,  Chicamán, San Antonio Ilotenango, Chiché, Chinique, Joyabaj, Pachalún  y, 3) con la región Sur: Lemoa, Chichicastenango. Los misioneros asumieron el trabajo y organización existente de la AC e introdujeron una formación fuerte  por medio de la radio y de las visitas permanentes a las aldeas y cantones.  

Los Misioneros del Sagrado Corazón admiraron la religiosidad del pueblo Quiché, pero vieron que el Estado tenía olvidado este Departamento y faltaba mucho desarrollo humano y social: carreteras, escuelas, agua potable (al menos entubada), centros de salud,  formación en general, y también, la catequesis. La fundación de Radio Quiché, además de ser un medio de comunicación social,  logró el objetivo de servir de instrumento de formación tanto humana como social y, sobre todo en el apoyo brindado a promover y consolidar la fe cristiana. 

 

4. El terremoto de 1976 constituye un momento importante y muy difícil, por los daños causados a varias poblaciones, aumentando el color, la pobreza y el subdesarrollo. Por ello, la Iglesia emprendió una noble tarea de desarrollo humano y social de la diócesis con muchos proyectos. Se dice que Quiché llegó a tener tantos proyectos y tanta actividad social que superaba a los proyectos de la Caritas Nacional de ese tiempo.  Pero, frente a esta realidad tan dura, fueron incomparablemente mayores los efectos negativos del enfrentamiento armado interno, siendo Quiché uno de los departamentos más afectados, sobre todo entre los años 1978-1986, y aún después, sobre todo, en las regiones de  Ixcán, Uspantán,  toda el área ixil y el resto de pueblos de Quiché, sin excepción, realidad que se agravó desde el momento en que se formaron las patrullas de autodefensa civil (PAC), que introdujeron el control y la división interna de la población.  

 

5. La Iglesia en Quiché es tierra de mártires.  Sufrió una verdadera persecución; se pretendió borrar la iglesia del mapa del departamento. Ha sido difícil contabilizar los catequistas y otros agentes laicos perseguidos, apresados, torturados y asesinados; se ha hecho un trabajo incipiente en este sentido, recogido en un libro titulado: DIERON LA VIDA II. Fueron asesinados tres Misioneros del Sagrado Corazón: el P. José María Gran Cirera, en Chajul, el P. Faustino Villanueva, en Joyabaj y el P. Juan Alonso en Cunén.  Por su importancia en la región de Ixcán, en Quiché se tiene muy presente la muerte del P. Guillermo Woods, promotor de las Cooperativas de Ixcán Grande, asesinado en noviembre de 1976. ¡Cuánto dolor se sembro por cada rincón de Quiché! No es fácil contar el número de laicos catequistas, ministros de la comunión y  otros muchos más que murieron por su fe en Jesucristo y su fidelidad a la Iglesia católica.  Cobra actualidad lo dicho por el Papa San Juan Pablo II en su carta a la CEG del 2 de diciembre de 1984: “No puedo dejar de recordar que entre las víctimas de la violencia y del odio se encuentran innumerables evangelizadores de la Cruz y de su mensaje de caridad: sacerdotes, religiosos y religiosas y, sobre todo, ministros de la Palabra. Cuando la historia más reciente de vuestra Iglesia sea  presentada a las generaciones futuras ¿será posible dar a conocer en sus páginas la larga lista de nombres de tantos catequistas, generosos sembradores de la Palabra de Dios, que en el cumplimiento de su misión cayeron víctimas del odio fratricida?.

Me inclino con reverencia – continúa el Papa San Juan Pablo II- ante el sacrificio de estos humildes y valientes trabajadores de la viña del Señor, en vuestras ciudades, en vuestros pueblos, a los cuales ha sido dado no sólo creer en el Evangelio y proclamarlo, sino que han llegado incluso a derramar su sangre en el servicio a la Palabra de vida.”

Hoy sabemos que en Oklahoma, Estados Unidos, en septiembre de este año, será beatificado el P. Francisco Stanley Rother, sacerdote de esa Arquidiócesis, que fue martirizado en la casa parroquial de Santiago Atitlán en julio de 1981. En Quiché, la Iglesia ha introducido oficialmente la causa de diez de estos mártires, siete laicos y los tres misioneros, como un signo y una muestra de la entrega de tantos testigos de la fe que entregaron su vida por la causa del Reino de Dios, siguiendo los pasos de Jesús. Algún día se podrá alcanzar este objetivo. 

 

5.-  A finales del año 1986, el Papa Juan Pablo II me nombra obispo de Quiché.  Las tareas principales se recuerdan con pocas palabras:  reconstrucción de la diócesis, presencia de sacerdotes, religiosas y laicos comprometidos, que pudieran colaborar de forma eficaz en el trabajo de poner en funcionamiento la diócesis, con la generosa cooperación de sacerdotes que llegaron de varios lugares a reconstruirla. Tengo que reconocer que fue un trabajo enorme para vencer el miedo sembrado por el terror y la muerte, un miedo que atenazaba las gargantas de tantas personas silenciadas por el accionar de las armas. ¡Cómo quisiera mencionar con nombre y apellido a los que llegaron voluntariamente a ofrecer su servicio a la diócesis. Hoy les decimos gracias por su entrega tan generosa!

 

6.- Así fue posible no solo reorganizar la diócesis, sino también emprender tareas de gran importancia como recuperar la memoria histórica, dotar de tierra a muchos campesinos, ofrecer nuestra mano a las CPR, apoyar el retorno de los Refugiados de México, apoyar a los desplazados, fortalecer las Cooperativas, dar confianza y consuelo a muchas comunidades apagadas por el terror de la represión, contribuir a la reconciliación; pastoralmente fueron importantes los trabajos de reorganización de las parroquias, el camino de una pastoral inculturada, la traducción de la Biblia al K’iché, la Santa Misión del año 2000, la elaboración de los primeros Planes de Pastoral... Y al mismo tiempo, el fortalecimiento de las vocaciones sacerdotales propias de Quiché. La implicación de la Diócesis en el trabajo interdiocesano para la recuperación de la memoria histórica, merece resaltarse. Fue un trabajo difícil, hecho con la colaboración de los laicos (animadores de la reconciliación) y de muchos agentes de pastoral.  Los cuatro tomos de REMHI dan fe de tal esfuerzo.  Luego siguieron las exhumaciones,  reconstrucción psicológica de las personas,  ayuda a las víctimas,  etc.  Detrás de todas estas actividades está el nombre de quienes dieron la vida: Mons. Juan Gerardi, Julio Quevedo, Myrna Mack, Bárbara Ford, entre otros. 

 

7. Un muy merecido agradecimiento de mi parte a la Pastoral Social de la diócesis y a su responsable principal Ulrique Morsell,  a todos sus compañeros que durante tantos años sanaron heridas y reconstruyeron vidas y comunidades enteras.  Sólo Dios conoce el trabajo realizado y él lo recompensará en su justa medida.  Especialmente agradezco la ayuda dada para solucionar los problemas de tierra en Ixcán y otros lugares.   Un reconocimiento especial al P. Bernardo Alonzo,  por su excelente trabajo en Ixcán para resolver los complicados problemas de la Cooperativa Ixcán Grande, R.L. Junto a este esfuerzo, los desvelos para que volvieran a recuperar sus parcelas los 2000 socios, dándoles también las escrituras de las mismas. Arduo trabajo, entre otros. Así se podría mencionar también la Finca Primavera del Ixcán  y Tululché, para otros destinatarios. Mi reconocimiento va también a todas las religiosas que se adentraron libre y voluntariamente en las Comunidades de Población en Resistencia, después de su salida al claro, fueron años de entrega y austeridad que nos hablan de verdadera encarnación entre los pobres y olvidados.

 

8. Es obligado mencionar el arduo trabajo del sacerdote francés P. Bernardo Gosse, de la antropóloga Isabel Sucuquí Mejía y el apoyo del grupo de catequistas que durante 22 años trabajaron para lograr la traducción de la toda la Biblia, de las lenguas originales al K’iché. Trabajo que se ha continuado después y que ahora se ve concluido con la traducción del Leccionario dominical y festivo de los Ciclos A, B y C. La conclusión de estos trabajos se realizó en el Obispado de Jalapa.

 

9. Quisiera reconocer y agradecer la solidaridad de tantas Iglesias hermanas de otros países, que salieron al paso de nuestras necesidades con su generosa colaboración. ¿Cómo reconocer tanto caudal de amor concreto sembrado en la realización de los numerosos proyectos promovidos en un lugar y otro?

 

10. Felicito a Mons. Rosolino Bianchetti, a los presbíteros, las religiosas y los laicos por el trabajo que están realizando en esa querida diócesis de Quiché.  ¡Felicitaciones a todos en estos 50 años de la diócesis! Les agradecemos por habernos invitado a participar en la celebración del día 27 de abril del presente año 2017 en Santa Cruz del quiché, donde pudimos disfrutar de la gratitud de un pueblo que no olvida las maravillas de Dios realizadas en su tierra. Que nunca les falte la bendición de Dios, y no desprendan su vida de la bondad del corazón de su Hijo que siempre los ha cuidado en medio del sufrimiento y el dolor. Hoy se repite lo del salmo: “Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre canciones. Aunque iban llorando cuando llevaban la semilla, regresan contentos, trayendo la cosecha” (Salmo 126 5-6).

 

 

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